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CHICHA EPEW: CHICHA DE CUFEO. Por Javier Milanca


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CHICHA DE CUFEO.
Por Javier Milanca Olivares


Saliendo o llegando a Reumen, circunstancia en que la redondez de la tierra colabora muy poco en aclarar, se encuentra el sector de Cufeo. Lugar de soles atibiados, de atardeceres de revista antigua y de gentes que saludan preguntando siempre qué hora es. Cufeo es un asentamiento viejo y eso se nota por sus árboles quejumbrosos y por las casas que ya se tumban de orgullosa polilla. Desde ese antiguo existen quintas grandes en Cufeo, de manzanos nudosos plantados por los primeros habitantes que dan frutos amarillentos y con  granitos grises que al final le dan una chispa pizpireta a la chicha, como si fueran lunarcitos en cara de niño pícaro. No la olfatee u olorose antes de beberla, porque lo puede engañar su olor a Tepa de encierro, tómela a nariz cerrada y su picor la hará arder los ojos y no sabrá la razón. Pero debemos decir que al probarla uno se pone recordón ya que vienen a la mente, sin saber por qué misteriosas artes de la reminiscencia, los rostros de nuestros muertos más queridos. Según algunos sabios antiguos, y no es cosa de andarle creyendo a todos por antiguos que sean estos sabios, eso se debe a la cercanía que tienen las raíces de los manzanos con el cementerio municipal. Y  es que al probar la chicha de Cufeo se nos viene el recuerdo de gente muerta al paladar que es donde comienza el alma. Trate con buenas fuerzas de que estos difuntos sean conocidos, porque de los muertos ajenos que se encargue cada cual. Por eso  es bueno  acompañar la chicha de Cufeo con una fritura de gargales de Mallín  recién horneados y que ojalá hayan sido ahumados previamente en aserrín de Pellín crecido al lado de la Puiwa. Júntelos amorosamente con un estofado suculento de pechugas de Torcaza (que no hayan comido semillas de Lingue ya que éstas las ponen magras y oscuras). Disfrute de la Chicha de Cufeo, honre a sus muertos, a sus abuelos, a sus amigos  y a todos aquellos que no debieron morirse, pero que como sabemos cada cual tiene en esto su propia regla y medida. Sírvase con abundancia, sea generoso que es la mejor forma de ser agradecido. Nota de la Chicha de Cufeo un 7.

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Resulta que el Liceo Politécnico de Illapel organizó un festival de la voz y entre sus invitados estrellas estaba un moreno famoso por su tema La Lombriz y por su afición a empolvarse la nariz (verso sin esfuerzo) además, de una cantante porteña con fama de wachaka, se llamaba Monserrat Bustamante. La tarde previa al festival se realizó una prueba de sonido bajo el sol carnicero Illapelino, yo estaba ahí porque sería el animador del evento y Monse no llegaba nunca y algunos fans la esperaban ansiosos. De pronto, entre el público conversando de hawaianas y lentes de sol baratos apareció ella como una diva de pobla- sound, con su caminar delicioso de choriza pulenta y famosa. Saludó a todos de beso y entre bromas y chuchadas probó sonido y sobre todo pidió un acompañante para cantar su último éxito radial, una canción a dueto con Santos Chávez (no el pintor, el cantante). No me sabía muy bien la letra pero con un papel…

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El peñi Ramón Quichiyao se puso niño y se puso manta de lana cruda y salió a escribir arboleando hasta que las propias cordilleras de Llifen aprendieron a cantar su antigua memoria. De más grande se puso profesor y manta de lino normalista y pizarreando en las escuelas hizo que las letras despertaran más temprano. Después se puso manta humilde y se puso escritor y fue elegido como el hablador de la selva valdiviana, el vocero de la Puihua Hembra, el cantante de los viejos de aserradero que se vuelven ñonchos de tanta máquina y chuecos de tanta Tota. Se puso un lápiz en la mano y otro en la oreja para ser el werken mojado de las hojas de Nalca, el representante por unanimidad de los esteros nuevos cuajados de berros y el contador oficial de las Chilcas coquetonas rebosantes de campanas. Y olvidado fue olvidando. Los que antes lo abrazaron no le devolvieron las brazos, los que lo aplaudieron no le devolvieron las manos y los que lo usaro…

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"...Los Mapuche nacen con una manchita azul al final de la espalda...es para recordar que vienen  y volverán al azul..."                                                                                                                   (Chaltu Violeta Violenta )
Llegó la mujer blandiendo su vientre habitado, engrillada de tobillos pero no de útera, cautiva de gendarmes pero no de florecimiento, presa política por sentencia pero con todas las lunas libres en su cuerpa. No hubo árboles buenos para su koñiwe, pero sí una bolsa  de basura negra. No tuvo dos pifilkafes pero sí dos carceleros. Cuando el grito  de nacimiento iluminó la oscuridad de la sala- cárcel una nueva vida de Cayana Azul gritó por los cuatro confines de la munda. Lorenza Kayuhan ganó, pues no hay amarras capaces de encadenar al azul más libre de los azules. Y los sabios lo dijeron: cuando se nace encadenado se crece rebelde.