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PICHI EPEW : LA DECIDIDA PILAR LIUKURA







LA DECIDIDA PILAR LIUKURA.

Javier Milanca


Pilar Liucura salió corriendo derechito hacia el mismo mallín en donde las sabias la mandaban a buscar remedios. En su desbandada siguió la huella triste por donde las vacas enfermas se van a morir solas y se adentró en esa oscuridad solemne en que a los duendes hostigosos les gusta desorientar a niños poco avispados. Con bufidos caminó en el barro y en él hundió sus botas de goma hasta perderlas en el fondo de esa gelatina humeante. Respirando cortito llegó al puente de los marullos y el ruido abismante de  los remolinos la hicieron confirmar su decisión de lanzarse al río Ñilawen y que esos meulenes machos decidieran su mala suerte. El agua fría la recibió de espaldas y la corriente la apaleó como si fuera una pobre camisa sucia. Siguió más abajo estrellándose en las piedras filudas, enredándose con las kilas orilleras, restregándose con la arena ríspida. Desparramada en el agua torbellino un furtivo tronco de alerce pétreo la mató de un certero golpe en la cabeza  pero con otro igual de fuerte revivió. En el primero se murió de quince años y en el segundo se sintió resucitar con doscientos completamente lúcida y fresca. Más abajo, en un calmo, se reincorporó lozana y despierta como venada que recién arranca de los perros y dichosa de sentirse fulgurantemente recién parida. Fue por eso entonces que nunca más volvieron a decirle que se casara por la fuerza y pasó el resto de sus días terca y feliz igual como si no se hubiera muerto nunca.

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Resulta que el Liceo Politécnico de Illapel organizó un festival de la voz y entre sus invitados estrellas estaba un moreno famoso por su tema La Lombriz y por su afición a empolvarse la nariz (verso sin esfuerzo) además, de una cantante porteña con fama de wachaka, se llamaba Monserrat Bustamante. La tarde previa al festival se realizó una prueba de sonido bajo el sol carnicero Illapelino, yo estaba ahí porque sería el animador del evento y Monse no llegaba nunca y algunos fans la esperaban ansiosos. De pronto, entre el público conversando de hawaianas y lentes de sol baratos apareció ella como una diva de pobla- sound, con su caminar delicioso de choriza pulenta y famosa. Saludó a todos de beso y entre bromas y chuchadas probó sonido y sobre todo pidió un acompañante para cantar su último éxito radial, una canción a dueto con Santos Chávez (no el pintor, el cantante). No me sabía muy bien la letra pero con un papel…

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El peñi Ramón Quichiyao se puso niño y se puso manta de lana cruda y salió a escribir arboleando hasta que las propias cordilleras de Llifen aprendieron a cantar su antigua memoria. De más grande se puso profesor y manta de lino normalista y pizarreando en las escuelas hizo que las letras despertaran más temprano. Después se puso manta humilde y se puso escritor y fue elegido como el hablador de la selva valdiviana, el vocero de la Puihua Hembra, el cantante de los viejos de aserradero que se vuelven ñonchos de tanta máquina y chuecos de tanta Tota. Se puso un lápiz en la mano y otro en la oreja para ser el werken mojado de las hojas de Nalca, el representante por unanimidad de los esteros nuevos cuajados de berros y el contador oficial de las Chilcas coquetonas rebosantes de campanas. Y olvidado fue olvidando. Los que antes lo abrazaron no le devolvieron las brazos, los que lo aplaudieron no le devolvieron las manos y los que lo usaro…

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LA VICTORIA DE LORENZA  KAYUHAN Por Javier Milanca Olivares.
"...Los Mapuche nacen con una manchita azul al final de la espalda...es para recordar que vienen  y volverán al azul..."                                                                                                                   (Chaltu Violeta Violenta )
Llegó la mujer blandiendo su vientre habitado, engrillada de tobillos pero no de útera, cautiva de gendarmes pero no de florecimiento, presa política por sentencia pero con todas las lunas libres en su cuerpa. No hubo árboles buenos para su koñiwe, pero sí una bolsa  de basura negra. No tuvo dos pifilkafes pero sí dos carceleros. Cuando el grito  de nacimiento iluminó la oscuridad de la sala- cárcel una nueva vida de Cayana Azul gritó por los cuatro confines de la munda. Lorenza Kayuhan ganó, pues no hay amarras capaces de encadenar al azul más libre de los azules. Y los sabios lo dijeron: cuando se nace encadenado se crece rebelde.