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PICHI EPEW: EL MAESTRO PAILLAMILLA






EL MAESTRO PAILLAMILLA.

El Maestro Paillamilla es terco como una correntada y serio como un revolver. Tiene la cara chueca porque un mate caliente malhadado y un viento frio de Junio hicieron mala junta en su rostro. Cuenta que viajó mucho de joven, aunque él no se acuerda por donde anduvo ni que aprendió, pero de que viajar sirve, sirve. El Maestro Paillamilla fue win izquierdo del Equipo “Los Copihues” de Quilquilco. Dice que era un equipazo, nunca ganaron ningún partido pero de que el equipo andaba bien, andaba bien. El Maestro Paillamilla puede dibujar de memoria los diminutos arabescos del relicario que colgaba del pecho de una vieja tía abuela pero no se acuerda donde mierda dejó los lentes que recién tenía puestos. El Maestro Paillamilla repite con voz seria de notario o con el pito resignado de un vendedor de manzanas confitadas:
- Cuando el río suena….es porque los pescados están culiando  !!!

El Maestro Paillamilla cuando se pone a tomar choca los vasos diciendo “Copa y triunfo”, puede que lo haya aprendido en Bariloche o Punta Arenas, pero no se acuerda.

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Resulta que el Liceo Politécnico de Illapel organizó un festival de la voz y entre sus invitados estrellas estaba un moreno famoso por su tema La Lombriz y por su afición a empolvarse la nariz (verso sin esfuerzo) además, de una cantante porteña con fama de wachaka, se llamaba Monserrat Bustamante. La tarde previa al festival se realizó una prueba de sonido bajo el sol carnicero Illapelino, yo estaba ahí porque sería el animador del evento y Monse no llegaba nunca y algunos fans la esperaban ansiosos. De pronto, entre el público conversando de hawaianas y lentes de sol baratos apareció ella como una diva de pobla- sound, con su caminar delicioso de choriza pulenta y famosa. Saludó a todos de beso y entre bromas y chuchadas probó sonido y sobre todo pidió un acompañante para cantar su último éxito radial, una canción a dueto con Santos Chávez (no el pintor, el cantante). No me sabía muy bien la letra pero con un papel…

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El peñi Ramón Quichiyao se puso niño y se puso manta de lana cruda y salió a escribir arboleando hasta que las propias cordilleras de Llifen aprendieron a cantar su antigua memoria. De más grande se puso profesor y manta de lino normalista y pizarreando en las escuelas hizo que las letras despertaran más temprano. Después se puso manta humilde y se puso escritor y fue elegido como el hablador de la selva valdiviana, el vocero de la Puihua Hembra, el cantante de los viejos de aserradero que se vuelven ñonchos de tanta máquina y chuecos de tanta Tota. Se puso un lápiz en la mano y otro en la oreja para ser el werken mojado de las hojas de Nalca, el representante por unanimidad de los esteros nuevos cuajados de berros y el contador oficial de las Chilcas coquetonas rebosantes de campanas. Y olvidado fue olvidando. Los que antes lo abrazaron no le devolvieron las brazos, los que lo aplaudieron no le devolvieron las manos y los que lo usaro…

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"...Los Mapuche nacen con una manchita azul al final de la espalda...es para recordar que vienen  y volverán al azul..."                                                                                                                   (Chaltu Violeta Violenta )
Llegó la mujer blandiendo su vientre habitado, engrillada de tobillos pero no de útera, cautiva de gendarmes pero no de florecimiento, presa política por sentencia pero con todas las lunas libres en su cuerpa. No hubo árboles buenos para su koñiwe, pero sí una bolsa  de basura negra. No tuvo dos pifilkafes pero sí dos carceleros. Cuando el grito  de nacimiento iluminó la oscuridad de la sala- cárcel una nueva vida de Cayana Azul gritó por los cuatro confines de la munda. Lorenza Kayuhan ganó, pues no hay amarras capaces de encadenar al azul más libre de los azules. Y los sabios lo dijeron: cuando se nace encadenado se crece rebelde.